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Editorial Mundo Hispano
Conocimiento distorsionado produce más confusion
Crea en Milagros, pero confíe en Jesús
Escrito por Adrian Rogers
 

Cuando se considera el tema de los milagros no todo es dulzura y luz. Para obtener una perspectiva correcta de lo milagroso debemos enfrentar algunos problemas muy difíciles y sorprendentes. La Biblia profetiza que vendrá un gobernante mundial que actuará bajo el poder de Satanás; se lo llama el Anticristo, la bestia, el hombre de pecado, el hijo de perdición, y será la encarnación de Satanás. Este perverso impostor contará con un siniestro ministro de propaganda que irá delante de él. A ese predecesor se le llama el falso profeta, y contará con un oscuro y diabólico poder para hacer milagros (Apocalipsis 13:11-14).

Es obvio que en el futuro llegará un engaño de proporciones globales apoyándose sobre las alas de lo milagroso. Cuando el Anticristo llegue, el mundo estará sumergido en el misticismo de la Nueva Era, y será presa fácil de este maestro de la magia con su maletín lleno de trucos. Esa es la razón por la que la verdadera fe bíblica va más allá de los milagros y se conecta con Jesús .

Lo que uno ve no siempre es lo que recibe. El Anticristo podrá ser capaz de hacer que las personas crean en sus mentiras con algo más que la tecnología moderna. Contará con el poder maligno. Aquello será realidad virtual, pero no realidad virtuosa, será el poder de uno (del inicuo) que “es por operación de Satanás, con todo poder, señales y prodigios falsos” (2 Tesalonicenses 2:9).

¿De veras tiene Satanás semejante poder? ¡Más le vale que lo crea! Con sus falsas credenciales y su poder engañoso podría convencer “de ser posible, aun a los escogidos” (Mateo 24:24). Él es el maestro de la magia y el disfraz. Este ministro de destrucción no siempre es desagradable en su apariencia. En ocasiones puede llegar a ser repugnantemente hermoso y se presenta como un ángel de luz.

Permítame afirmar una vez más que creo que Dios hace milagros. Pero ellos confirman la Palabra de Dios, no la sustituyen. Si el pecado imperdonable consiste en atribuir al diablo la obra del Espíritu Santo, ¿no sería igualmente peligroso atribuir al Espíritu Santo la obra del diablo? Creemos en un Dios poderoso para quien nada es imposible.
Pero recuerde siempre que lo extraordinario viene con el propósito primordial de apoyar la exposición de la Palabra de Dios. La Palabra presentada con claridad redime un alma. Pone en marcha el plan de salvación. Eso es algo que las señales y los milagros no pueden hacer por sí mismas.

Alguien acuñó la siguiente frase: “Un milagro por día mantiene al diablo alejado”. ¿Estás seguro? ¡Podría ser que fuera el mismo quien está haciendo esos milagros! Los milagros, aun los hechos por el Dios Todopoderoso, no parecen producir muchos resultados en la edificación de los creyentes. Cuando Jesús convirtió el agua en vino las multitudes comenzaron a amontonarse tras él. Había alcanzado el estatus de celebridad. Pero eso no era lo que su corazón anhelaba. Jesús podía leer los motivos
detrás de estos pescadores de milagros: Mientras él estaba en Jerusalén en la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al observar las señales que hacía. Pero Jesús mismo no confiaba en ellos, porque los conocía a todos, y porque no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio acerca de los hombres, pues él conocía lo que había en el hombre (Juan 2:23-25).

Esta misma multitud de “creyentes” lo abandonaría, como las ratas que abandonan un barco que se hunde, cuando él comenzara a invitar a la verdadera consagración y la comunión personal con él. Tuvo que dirigirse a sus propios discípulos para preguntarles: “¿Queréis acaso iros vosotros también?” (Juan 6:67).

Jesús hizo milagros, y aún los hace, pero no como señuelos publicitarios. Él no necesita ni quiere la comunión que se basa solamente en los milagros. Por el contrario, algunas veces les pedía a sus discípulos, o a las personas sanadas por él, que no hablaran del milagro que acaba de realizar.

Dios quiere que lo amemos por quien él es. Es por eso que cuando Jesús vino al mundo dejó de lado toda la Gloria y el esplendor que le pertenecían en el cielo. Dejó a un costado las manifestaciones exteriores de su divinidad, pero conservó toda la belleza de su naturaleza santa y el carácter que le pertenecía como Dios. ¿Por qué no vino al mundo en un carruaje hecho de piedras preciosas, vestido de togas reales? ¿Por qué nació en un establo con excremento de vaca en el piso? ¿Por qué nació de una campesina? ¿Por qué fue criado en una aldea desconocida, en el hogar de un pobre carpintero? ¿Por qué Isaías diría de él: “Subió como un retoño delante de él, y como una raíz de tierra seca. No hay parecer en él, ni hermosura; lo vimos, pero no tenía atractivo como para que lo deseáramos” (53:2)? La razón es que Jesús quería que sus seguidores lo amaran por quien él era, no por lo que tenía ni por lo que podía hacer.

Quiero volver a enfatizar, sin embargo, de que creo que Dios puede hacer, y de hecho hace, milagros en este tiempo. Los milagros hechos por la mano de Dios glorifican a Dios y no a los hombres. Validarán las exigencias y la identidad del Dios Todopoderoso. Harán avanzar en forma significativa la obra de Dios. Si Dios quiere realizar un milagro, será él quien conceda la fe para que ocurra. La fe no es moneda corriente que llevamos en nuestros bolsillos para gastar en lo que se nos ocurra. Si Dios quiere que una montaña se mueva será él quien conceda la fe para que la montaña sea movida.

Adrian Rogers, fue el pastor principal por 32 años de una iglesia creciente en Memphis, Tennessee, Estados Unidos de América. Fue el fundador y presidente del ministerio radial y de television “El amor que vale”. Este artículo recoge algunos pensamientos del libro Crea en Milagros, pero confíe en Jesús, publicado por Editorial Mundo Hispano.

 
 
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