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La Biblia, ese regalo de Dios - 4
Escrito por Juan Carlos Cevallos
 

La transmisión del texto bíblico

En la última entrega habíamos visto cómo se escribió el texto bíblico, y anteriormente se expuso acerca de la Biblia como Palabra de Dios; se había mencionado también que la Biblia no nos cayó del cielo, que fue escrita a mano en hebreo, arameo y griego. Aunque no contamos con los documentos originales que se perdieron en el tiempo, podemos contar con una Biblia confiable, reconociendo que hasta llegar a nosotros como ahora la tenemos, la Biblia tuvo que recorrer un largo camino.

El Antiguo Testamento fue copiado de una generación a otra por “profesionales” quienes vigilaron con sumo cuidado que se trasmita lo más fielmente posible, aunque tenemos que reconocer que sí hay varios problemas en esta transmisión. Sin embargo de esto, se puede afirmar en forma categórica que el texto que tenemos del Antiguo Testamento es de muy buena calidad y confiable. El trabajo se realizó por parte de toda una escuela de escribas muy bien preparados y equipados para hacer este trabajo.

En el caso del Nuevo Testamento, la situación es diferente. En un principio, por tres siglos, las copias de los manuscritos originales se realizaron por gente no profesional en situaciones muy adversas, muchas veces siendo perseguidos. Las copias se hacían escuchando a una persona que dictaba, y otras veces copiando de otra copia. Las discrepancias de una copia a otra podían ser muchas y de varias clases, aunque ninguna de estas diferencias cambian en lo más mínimo las doctrinas básicas de nuestra fe.

En el siglo cuarto, cuando la iglesia estaba en el poder se llegó a una etapa que se la llama del “texto uniforme”. Los escribas eran protegidos por el estado, pero muchas veces sencillamente se copiaba el texto sin ninguna clase de discernimiento, lo que provocó que en algunos casos se transmitieran unos pocos errores. Durante esta época, alrededor del siglo 12, se divide a la Biblia en capítulos (hasta ese entonces estaba dividida en párrafos), lo cual constituye un gran avance, pero también trae problemas. Toda esta etapa duró 12 siglos, en los que se hicieron muchas copias en forma manuscrita, pero “profesional”. En total tenemos algo así como 15 siglos de trasmisión manuscrita.

La invención de la imprenta por Johannes Gutenberg en 1456 produjo una nueva situación. Ahora las copias serían iguales una de la otra, y así quedaron perpetuados aciertos y desaciertos. El primer libro que se imprime es la Biblia, la versión llamada Vulgata.

Erasmo de Roterdam, el gran renacentista, en 1516 publicó una primera versión de todo el Nuevo Testamento griego. Para ello usó unos seis manuscritos escritos en los siglos 11 y 12. No tenía todo el Nuevo Testamento griego, así que varios capítulos de Apocalipsis los tradujo desde el latín. Erasmo hizo varias ediciones con algunas variantes, en la medida que obtenía más información. La edición más popular fue la tercera, pero no fue la mejor. Esta edición fue usada para la elaboración del llamado Textus Receptus (o Texto Recibido, nombre que lo pusieron los mismos imprenteros con el propósito de darle más valor y categoría a su trabajo) que tuvo fines comerciales, no científicos ni nada que se parezca. Básicamente, esta edición fue usada para la traducción de lo que hoy llamamos la versión Reina Valera Revisada 1960 ó 1995.

Fue en 1551 que se dividió al texto bíblico en versículos. Fue otro gran progreso, pero trajo sus complicaciones. Hay que recordar que ni los capítulos, ni versículos ni ningún título o subtítulo, como tampoco una tinta de algún color de cualquier Biblia fueron inspirados, estos son obra de cada editorial que publica determinada Biblia.

En 1830 dos eruditos ingleses, Westcott y Hort, luego de un estudio a fondo del Textus Receptus, comparando con los manuscritos que ahora ya tenían a su alcance, llegaron a la conclusión de que este texto tenía varios conflictos y discrepancias con los mejores manuscritos; tenía algunas variantes que merecían ser analizadas. Estas variantes fueron aumentadas al texto bíblico original, la mayoría de veces, por buena fe para aclarar algún concepto, evitar alguna “aparente contradicción” o ajustar los “textos paralelos”. Sin embargo, estas discrepancias no implican, en ningún caso, algún problema de doctrina. Por ejemplo, el Textus Receptus aumentó Mateo 18:11 (“Porque el Hijo del Hombre ha venido a salvar lo que se había perdido”), un texto similar a Lucas 19:10 (“Porque el Hijo del Hombre ha venido a buscar y salvar lo que se había perdido”). También aumentó Mateo 17:21 (“Pero este género de demonio sale sólo con oración y ayuno”), un texto similar a Marcos 9:29 (“Este género con nada puede salir, sino con oración”. Note que el Textus Receptus, y las traducciones que le siguen, aumentó aquí la palabra “ayuno”). En Juan 5:3b, 4 tenemos otro ejemplo en el que el Textus Receptus aumentó una posible explicación al porqué la gente estaba esperando allí esperando el supuesto movimiento del agua (“paralíticos que esperaban el movimiento del agua. Porque un ángel del Señor descendía en ciertos tiempos en el estanque y agitaba el agua. Por tanto, el primero que entró después del movimiento del agua fue sanado de cualquier enfermedad que tuviera”).

La inclusión de 1 Juan 5:7, 8 (“Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo; y estos tres son uno. Y tres son los que dan testimonio en la tierra: El Espíritu, el agua y la sangre; y estos tres concuerdan en uno”) tiene algunos problemas. Este texto no aparecía en los mejores manuscritos griegos, y solo lo hacía en los textos en latín escritos en los siglos 4 y 5. Por trescientos años la iglesia no conocía este texto. Este pasaje es una enseñanza directa acerca de la Trinidad, que fue añadido a la epístola de Juan. Si prescindiéramos de este texto la enseñanza de la Trinidad está en el resto de la Biblia, ninguna doctrina se basa en un solo versículo. Algunas Biblias de estudio tienen explicaciones sobre estos cambios y otros; remitimos a ellas para una mayor profundización (Biblia de Estudio Siglo XXI, Editorial Mundo Hispano. Biblia de estudio RVR 1960, Editorial Vida).

Desde 1979 contamos con un texto bíblico del Nuevo Testamento muy confiable, pues se ha encontrado manuscritos de los siglos 2 y 3. Se puede decir que prácticamente tenemos los documentos originales del Nuevo Testamento. Hoy contamos con más de 5.000 manuscritos del Nuevo Testamento griego (Josh McDowell. Nueva evidencia que demanda un veredicto. El Paso, Texas: Editorial Mundo Hispano).

Debemos dar gracias a Dios de que vivimos en una época en donde la arqueología y otras ciencias se han desarrollado mucho. Los que estudiamos la Biblia podemos acudir a las nuevas traducciones de la Biblia con toda confianza, pues allí tenemos el trabajo de hombres fieles que han usado todos los avances para proveernos la Palabra de Dios en nuestro idioma.

De las traducciones hablaremos la próxima vez.

 
 
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